l día 24 comienza como el tiempo, mal, mal. Me levanto temprano y ejerzo un rato de enfermera-compradora-animadora, cualidades varias que me saco de la mochila.
La mañana son todo carreras, y para colmo de males inundación en mi comunidad. El "señor cuesta" ejerce su labor durante toda la mañana. Mientras, yo deambulo por Fuensa dejando calar mis tristes huesecillos con la fina lluvia que cae en forma de lágrimas. Me dejo llevar por ellas y voy llorando yo también.

De camino a la frutería me encuentro con mi adorada clon y la niña de sus ojos. Las saludo y me río porque llevan diez minutos paradas en una fila de coches. Nuestra enferma más reciente parece que está animada y la niña de la casa, tan charlatana como todos esos días en los que no la puedes dedicar un rato. ¡Pobre!, parece que se lo huele. Me cuenta por no se cuanta vez la historia del tonto en el autobús y la guardia civil pegándole un par de mandangas.
No me da tiempo a ir al gimnasio a desahogar la tensión acumulada de la semana. No pasa nada. La libero en casa de manera más desafortunada.
Tras repartir flotadores a todos los vecinos por lo que pudiera suceder en nuestra ausencia, nos vamos a pasar las fechas a los Madriles.
Llegamos a la hora del café. Aparcamos en el número 40 y nos vamos a tomarnos uno calentito al Flunch que hay en el Alcampo. Bajamos la 5ª Avenida, como a mi me gusta llamarla. Pasamos el cañas y tapas, el Macdonalds, el Pans and Company y un sinfín de locales que apiñados albergan a gente deseosa de entrar en calor, comer algo y disfrutar de algún amigo antes de volver al seno familiar.
Me encantan estos sitios, me gusta sentarme con un café entre las manos y observar a la gente tan variopinta que hay. Si observas un poco eres capaz de descubrir algo de la vida de las personas que te rodean. A veces por su forma de vestir, otras por su conversación, por un gesto, por lo que compran... En fin, que disfruté de una agradable charleta y un poco de husmear las vidas ajenas. Hace mucho que no lo hacía...
Después me compré un par de Bettys, bueno unas zapatillas de andar por casa. Las mías viejas hablan, se ventilan solas y su forro me ahoga el dedo gordo cada vez que me las pongo. Las nuevas son de Betty Boop. Las pago en caja rápida y me voy con mi nueva adquisición más feliz que un regaliz.
Aprovechamos la visita al barrio para ver a David y Bea. Una cervecita en la Lonja y pa casa a preparar la cena.
Excesos, excesos y más excesos. En eso se podría resumir estas cenas. Pero como toda ocasión es buena para juntarse y pasar un rato agradable pues nos llenamos de buena voluntad y cogemos al toro por los cuernos.
El peque de la casa nos llena el salón de globos y nos da ese punto de alegría que tanta falta hace en estos días.
Volvemos a tener una Noche buena con Rafael. Mi casa de adopción es, creo, de las más fan de el barrio. Esto hizo que todos corearan a Rafael en sus gorgoritos y en menos que canta un gallo habíamos montado un karaoke en el salón.
Yo, que a la fuerza he ido simpatizando con el de Linares, me quedo con esta de Manuel Alejandro.
Por ser real como la vida misma.
¿Y vosotros? ¿Como lo habéis pasado?
"Qué sabe nadie" Rafael.