(Diario de una lunática III)
sta entrada va dedicada a esta célebre frase (célebre no para el mundo, pero sí para algunos de nosotros), pronunciada casi a diario por mi amantísimo esposo.
Que se me quema la comida,… ¿Qué ha pasado, Jaime…?
Que no he salido a comprar,… ¿Qué ha pasado, Jaime…?
Que no estoy en casa cuando vuelve,… ¿Qué ha pasado, Jaime…?
Que me he dormido,… ¿Qué ha pasado, Jaime…?
,… ¿Qué ha pasado, Jaime…?
,… ¿Qué ha pasado, Jaime…?
El otro día alguien me preguntó por el origen de la frasecita. Así pues, os lo voy a contar. Esta frase tiene su historia.
Dos amigos de mi marido, que habían estado de juerga, circulaban por una carretera secundaria de vuelta a casa, a las tantas de la madrugada. El que iba conduciendo, Jaime, (que iba igual de ebrio que el que no conducía), empezó a dar cabezadas.
El copiloto, se había quedado dormido hacía rato, y Jaime no aguantaba con los ojos abiertos.
Aunque como quedaban pocos kilómetros para llegar, decidió hacer un esfuerzo, y continuar hasta casa.
Pero, como es lógico, acabó sucumbiendo, y al fin cayó en los brazos de Morfeo.
El caso es que el coche se salió de la carretera, dio dos vueltas de campana y acabó estampándose contra un árbol.
Y,… ¡oh , gran Ángel de la Guarda de los Borrachos!, ambos salieron ilesos, sin ni siquiera un rasguño.
Pero con tanta sacudida el copiloto se despertó. Miró alrededor (con ojos extraviados por el alcohol y el sueño), miró a su amigo, miró el árbol, volvió a mirar a su amigo, miró de nuevo el árbol, y preguntó:
- ¿Qué ha pasado, Jaime…?