
a otra noche estábamos los cuatro sentados en el sillón después de cenar.
Estábamos bromeando y contándonos las novedades del día, como cada noche antes del toque de queda de las once, que es cuando los niños se van a la cama.
Como casi siempre, mi rubio nos hizo una pequeña imitación de la hermana "Julliett", a quien "clava", os lo aseguro. Después mi ángel femenino nos contó las anécdotas del día (que haberlas, "hailas").
Mi chico dorado, nos estuvo explicando sus conversaciones con "el moreno", y cómo, poco a poco, éste último va adoptando su forma de hablar. Imaginaros a todo un enólogo, diciendo cosas como:
- No hace falta trasegar ese cono, total, le queda "una cagá".
Nos reímos durante un buen rato, mientras bromeábamos sobre la influencia lingüística que Isi despliega sobre todo aquel que se atreve a acercarse.
Por mi parte, yo también puse mi granito de arena con alguna historia que seguramente ya conocéis, porque yo no puedo guardarme nada, ja, ja...
Finalmente (también como cada noche) Isi empezó a dar cabezadas, hasta que cayó rendido. Y casi como cada noche, mi rubio empezó a hacerle peinados con los dedos, mientras imitaba a distintos personajes cual experimentado ventrílocuo, y nosotras nos desternillábamos de la risa.
El momento culminante de la noche llegó cuando le puso todo el pelo de punta hacia arriba, y empezó a decir que parecía un pokemon. Durante un buen rato, los dos hermanos discutieron sobre a qué pokemon se parecía más, mientras yo no podía parar de reir mirando a Isi que, ajeno a todo, dormía plácidamente con todo el pelo encrespado. Finalmente mi rubio cogió la mano de su padre, y levantándola hacia arriba gritó sin a penas mover los labios:
- ¡Leomón!... ¡Digievoluciooooón...!
(La gracia reside en que nos imaginabamos el pelo de Isi, digievolucionando en una hermosa y tupida melena dorada, y... ¡le quedaba fatal...!, ja, ja, ja)