Por recomendación divina hoy escribo sobre la ardua habilidad del pinopuente.
Lo cierto es que echo mano del pasado y visualizo mi último pinopuente allá por 1994, año arriba año abajo.
Es imposible plantearte esta tarea pasados los 20. Recuerdo mis andanzas por el mundo del contorsionismo con mucho cariño y no una menos loable admiración. Y es que, ¿alguien recuerda como narices hacíamos para no deslizarnos pared abajo en una caída en picado hacia el suelo con el resultado final de un fenomenal espaldarazo?
Si lo piensas bien solo hay dos respuestas posibles:
1- que los deportivos que usábamos en la época debían de tener antideslizantes que nuestras madres ponían aposta para que pudiéramos hacer el pinopuente sin matarnos.
2- que pertenecíamos a la familia de spiderman y éramos capaces de controlar la bajada por la pared de turno resultando ilesos al final.
Por supuesto con el paso de los años el pinopuente a mutado en su forma de llegar a el. Ahora las niñas (como mi sobrina contorsionista y payaseta como una servidora) lo comienza desde el suelo. Esto tiene una ventaja, evitas los espaldarazos pero, ¿donde quedó la sensación de reptar por la pared? ¿donde la incertidumbre de si te habías puesto lo suficientemente cerca de la pared como para no hacer el pinopuente del tirón?
Porque esa era otra, ¿qué ocurría cuando calculabas mal la distancia y tus pies nunca llegaban a tocar la pared? Menos mal que siempre tenías a tu lado a una amiga que rápidamente metía su brazo por tu espalda y evitaba el fatal desenlace.
Propongo un brindis por las amigas pinopuente.
¿Donde estarían nuestros dientes sin ellas?
Lo cierto es que echo mano del pasado y visualizo mi último pinopuente allá por 1994, año arriba año abajo.
Es imposible plantearte esta tarea pasados los 20. Recuerdo mis andanzas por el mundo del contorsionismo con mucho cariño y no una menos loable admiración. Y es que, ¿alguien recuerda como narices hacíamos para no deslizarnos pared abajo en una caída en picado hacia el suelo con el resultado final de un fenomenal espaldarazo?
Si lo piensas bien solo hay dos respuestas posibles:
1- que los deportivos que usábamos en la época debían de tener antideslizantes que nuestras madres ponían aposta para que pudiéramos hacer el pinopuente sin matarnos.
2- que pertenecíamos a la familia de spiderman y éramos capaces de controlar la bajada por la pared de turno resultando ilesos al final.
Por supuesto con el paso de los años el pinopuente a mutado en su forma de llegar a el. Ahora las niñas (como mi sobrina contorsionista y payaseta como una servidora) lo comienza desde el suelo. Esto tiene una ventaja, evitas los espaldarazos pero, ¿donde quedó la sensación de reptar por la pared? ¿donde la incertidumbre de si te habías puesto lo suficientemente cerca de la pared como para no hacer el pinopuente del tirón?
Porque esa era otra, ¿qué ocurría cuando calculabas mal la distancia y tus pies nunca llegaban a tocar la pared? Menos mal que siempre tenías a tu lado a una amiga que rápidamente metía su brazo por tu espalda y evitaba el fatal desenlace.
Propongo un brindis por las amigas pinopuente.
¿Donde estarían nuestros dientes sin ellas?

4 sueños:
Hola Dory, soy yo otra vez.
Oye, ¿no serás vidente o algo?
Es que verás, ¿recuerdas el sueño del otro día?, ¿sabes por qué consiguió besarme el tipo ese?
¡¡¡Porque aprovechó el momento en el que yo hacía el pinopuente...!!!
¡¡¡Jo!!! pues yo soñé con él también, con el pino puente quiero decir.
¿Será telepatía?:)
¡Madre mía, qué recuerdos!
Mientras leía, me he visto trasladada en el tiempo hasta 1998, que es cuando yo hice el pino-puente por última vez , mientras gritaba, empujaba y decía: ¡Maldita sea!, ¡¡¿quieres nacer ya de una vez...?!!!
jajajaja,¡¡¡qué horror de pino puente!!! el mío fué más agradable. Pensando en tu comentario me doy cuenta de que el pino puente forma parte activa de nuestras vidas. ¡¡¡Otro brindis por el pino puente!!!
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