ace unas semanas yendo por la carretera Isi y yo, nos cruzamos con una bicicleta sin luces. Tengo que aclarar que era un sábado por la noche, a eso de las ocho. La verdad es que yo ni siquiera la vi, pero mi marido que tiene una vista excelente (gracias a dios porque el oído lo tiene perdidito del todo) me dijo que además sabía quien era.
Es un rumano que vive en el pueblo, y cada día coge la bicicleta para ir a trabajar a Camarena; luego a veces, de regreso, le trae el jefe en una furgoneta (a él y a su bici) y otras veces, como esa noche, se vuelve solo.
El resto del camino comentamos lo peligroso que era ir de noche, sin luces y por una carretera secundaria con una bicicleta. Isi decía que el jefe, (a quién conoce) le había enseñado a volver por un camino para que evitara la carretera, pero el rumano decía que por el camino no veía nada.
Ayer, Isi estuvo con Jorge (así se llama el jefe del rumano) mientras trabajaba la cuadrilla.
Tenían un trabajador nuevo.
Un africano que había llegado en patera, negro como el betún y que sonreía sin parar.
Después de hablar un buen rato con él, descubrió que llevaba dos meses en el país, que hablaba bastante bien el idioma (hay que ver "qué listo es el hambre") y que tenía muchísimos dientes....
Recordando el día que nos cruzamos con la bici, se volvió y le dijo al rumano, que andaba por allí haciendo su trabajo, lo peligroso que era lo que hacía.
Entonces el africano levantó la cabeza y con sonrisa de oreja a oreja incluida dijo:
- No era él. Era yo...
- Pero hombre, por dios, cómo se te ocurre... de noche y con lo negro que tú eres...
Y... se quedó tan ancho...









