
(Diario de una lunática XI)
Érase una vez una linda cocinerita, que tenía una horrible cocina toda churruscadita.
En Casa Nublada por Tempestades Externas todo iba mal aquel año.
Por no funcionar, no funcionaba ni la gran olla a presión.
¿Que por qué no funcionaba? Porque no tenía presión.
Un día el gran Amor de la linda cocinerita, apareció con una olla mágica.
¿Que por qué era mágica? Porque tenía presión.
Pero la linda cocinerita, prefería burro grande, ande o no ande, y decidió ella misma cambiar la gran olla por otra de dimensiones cósmicas.
Fue a la tiendecita, y como ya le había ocurrido en otros momentos del año, el tamaño que ella quería se había terminado; pero, ¡oh, suerte de los “no” afortunados!, quedaba la de muestra.
La cocinerita linda, decidió llevarse a casita la gran olla cósmica que dormitaba en el escaparate.
La linda cocinerita, más contenta que unas castañuelas, decidió hacer el gran estreno por todo lo alto.
Iba a inaugurar la olla cósmica con un “cocidito” de la tierra.
Aquel día llenó la olla con todos los mágicos ingredientes, y cuando todos estaban dentro, procedió a cerrar la olla.
Lo intentó, lo intentó y lo volvió a intentar, pero la olla de los coj…, no se podía cerrar porque la tapa no encajaba. Cuando la exasperada cocinerita, estaba a punto de rendirse, la tapa encajó.
Parece ser que las tapaderas de las ollas a presión de este milenio, tienen un código de “cerramiento” distinto y la cocinerita intentaba cerrarla con el código antiguo.
¿Por qué las ollas no traen un manual para las no iniciadas en “cerramientos” modernos?
Por fin la olla estaba cerrada y lista para ponerla al fuego.
Ya sólo faltaba un pequeño detalle; poner la pesa.
La pesa, es la que en realidad realiza la gran magia del cocimiento rápido. Sin ella el cocimiento es lento, porque la olla no coge presión, que era el problema de la olla antigua.
La cocinerita decidió proceder a posicionar la pesa en el pitorrillo correspondiente, para que con su baile hipnótico comenzara el ritual del cocimiento; cuando…
…¿Pero qué clase de demonios tuertos han mirado a mi olla?…
…¿Por qué en Casa Nublada por Tempestades Externas nada funciona como debe?...
…¿Qué le pasa a esta endiablada pesa que no encaja en su pitorro?...
Con los nervios desquiciados, un tic nervioso en el ojo izquierdo y otro en la parte derecha del labio superior, la cocinerita, presa de uno de sus continuos ataques de risa histérica, decidió agarrar la olla por las asas, y (con ingredientes incluidos) tirarla por la ventana.
Imaginaba la olla rebotando en el patio y destruyendo a su paso, los trabajos “forzosos” y “forzados” de todo el verano. ¡Qué cosa más práctica! ¡Dos venganzas en una!
Pero como la cocinerita tenía en el fondo dos dedos de frente (al menos un dedo, seguro), consiguió tranquilizarse lo suficiente, para quitar la tapadera, coger la pesita de las narices, y salir disparada en dirección hacia la tiendecita con ambas dos.
Por el camino decidió pasar por casa de su gemela “no” maligna, para tratar de tranquilizarse un poco antes de entrar en la tienda como un huracán.
Allí, la siempre dispuesta gemela, realizó un “encantamiento” por presión, es decir, que obligó con todas sus fuerzas a la pesa hasta que ésta fue desvirgada por el pitorro.
Con la tapadera y la pesa convertidas por el “encantamiento” en una sola, y después de tomarse dos litros de tila, la linda cocinerita volvió a Casa Nublada por Tempestades Externas. Parecía que ya nada evitaría que llevara a cabo su cometido, es decir… ¡poner de una vez al fuego la olla de los cojones!
Una hora después, la cocinerita, contenta y relajada (gracias sobre todo a las dos copitas de vino que se había tomado mientras veía bailar la pesa), apagó la olla y decidió retirar la pesa para que el vapor saliera…
…Como la pesa entró por la fuerza, lo lógico es que tuviera que salir también por la fuerza. Solo decir que la cocinerita lo consiguió al decimocuarto intento…
… Pero se comió su cocidito, que sabía a gloria, antes de ir al botiquín para soterrar la mano en “Furacín”; y después de ello con la mano sana, lanzar la pesa por la ventana, y ver con una sonrisa de satisfacción, cómo rebotaba,… y rebotaba,… y rebotaba… por todo el patio de su casa, que continuaba siendo… muy particular,…
… tanto, como ella misma…
6 sueños:
Jajaja, ¡¡¡tus relatos y tus vivencias son únicos hermanitas!!!
Cada vez son de mejor calidad!! me planteo ir rescatandolos y hacer un libro de la abuela o algo así con tu tus historias paranoicas y desternillantes, jajaja.
Yo cada día lo tengo más claro:
¡¡QUIERO VIVIR CONTIGO!!!
Mira lo que dice mi mujer, que prefiere seguir siendo la pupas que tener la suerte de otras. Lo tuyo no son precisamente los cacharros de presión, porque si no mal recuerdo también hubo un infortuno con las lentejas en cierta cocina y "limpieza". Aunque no hay que reirse de los infortunios de los demás no sea que el mariquita del tuerto se pasee por nuevos vecindarios.
Dory, dudo mucho que en realidad sepas lo que dices. ¿Que quieres vivir conmigo?
Mi casa últimamente es como un campo de minas.
A veces, por las mañanas, cuando me levanto, salto de la cama, me tiro al suelo y ruedo sobre mí misma, hasta llegar al baño, donde de un salto, me subo a la tapadera del bidé. Respiro durante un rato hasta que mi corazón recupera el ritmo normal, me bajo con cuidado de no pisar ninguna mina, y me siento en el W.C.
Procuro no dormir nunca con tanga, ni rojo ni de ningún otro color, por lo que pudiera pasar, mas que nada, porque aunque las volteretas consecutivas me despiertan, me dejan terriblemente mareada, y ya sabes que YO mareada, y los tangas, somos incompatibles, al menos encerrados juntos en un baño...
Kenyon, dile a la "pupas",... dile... ¡que yo soy la "dolores"!.
¡Y es que llevo un añíto...!
Pero tranquilo,ríete a gusto si quieres, que el nogmo mariquita, tiene ya dormitorio propio en casa, así que no creo que decida merodear por otros barrios...
...Aunque vivís muy cerca, y lo mismo le da por salir a dar un paseito...
Lunática yo creo que tu infortunio nada tiene que ver con ningún nogmo mariquita, más bien con eso de que eres la “dolores” o Lola calamidades, más calamidades que la protagonista de la próxima telenovela de tv española.
¡¡Seguro que ella no cuenta las cosas con tanta gracia!!
Josy, Lola "calamidades" me gusta aún más que la "dolores".
Pero de todas formas prefiero pensar que el nogmo mariquita anda por aquí.
Si se va... ¡me voy a sentir tan sola...! Porque... ¿a quién voy a gritar levantando el puño cuando algo me salga mal, si él no está...?
Además, he pensado tanto en él que ya me lo imagino físicamente. Es pequeño como un calcetín. Tiene las orejas grandes, una sonrisa entre pícara y malvada, y un gorro verde que lleva caído sobre el lado derecho a lo "Humphrey Bogart".
Cuando me enfado con él, me mira con una sonrisilla torcida que me encanta y desespera a la vez.
...Me recuerda a alguien...
¡Oh, Dios mío...! ¡Es una miniatura de Gerard...!(ja, ja, ja...)
Creo que necesito una copita de vino...
Jajajaja, me meo contigo. Eres simplemente ¡¡genial!!
Si supiera Gerard que está en cada rincón de tu casa ... ¡TE PEDÍA UNA ORDEN DE ALEJAMIENTO!
¡¡Borracha, más que borracha!!
Publicar un comentario